Los JUEGOS COOPERATIVOS

Los juegos cooperativos pueden definirse como aquellos en que los jugadores dan y reciben ayuda para contribuir a alcanzar objetivos comunes (Garairgordobil, 2002).

De este modo, las actividades cooperativas en general y los juegos cooperativos en particular pueden convertirse en un importante recurso al promover una educación física en valores.

Son varios los autores que resaltan las ventajas de incorporar actividades y juegos cooperativos tanto en los programas de educación formal como en los de ocio y tiempo libre.

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En este sentido, el canadiense Terry Orlick (1990) primero, y otros autores después (Brown,
1992; Omeñaca y Ruiz, 1999) , consideran al juego cooperativo una actividad liberadora ya
que:

  • Libera de la competición. El objetivo es que todas las personas participen para
    alcanzar una meta común.
  • Libera de la eliminación. Se busca la participación de todos, la inclusión en vez de la
    exclusión.
  • Libera para crear. Las reglas son flexibles y los propios participantes pueden
    cambiarlas para favorecer una mayor participación o diversión.
  • Libera la posibilidad de elegir. Los jugadores tienen en sus manos la decisión de
    participar, de cambiar las normas, de regular los conflictos, etcétera.
  • Libera de la agresión. Dado que el resultado se alcanza por la unión de esfuerzos,
    desaparecen los comportamientos agresivos hacia los demás.

El norteamericano Steve Grineski (1989) estudió la relación entre los comportamientos
sociales de los niños y el tipo de juegos que practicaban en las escuelas.

Y llegó a la conclusión de que el juego cooperativo favorecía significativamente la aparición de conductas prosociales en comparación con los juegos competitivos y las actividades individuales.

Juegos cooperativos
Juegos cooperativos

En un estudio posterior, Grineski (1996) concluyó que un programa de actividad física basado en propuestas cooperativas se mostró eficaz para favorecer la socialización de alumnos de entre ocho y 12 años de edad con trastornos emocionales severos.

Para Sigrid Loos (1989), pedagoga alemana afincada en Italia, el juego cooperativo puede
estimular el sentido de pertenencia a un grupo, ya que las personas que juegan juntas se
sienten bien juntas.

Rosa María Guitart (1990) destaca el papel de los juegos no competitivos ya que:

  • El niño participa por el mero placer de jugar y no por el hecho de lograr un premio.
  • Aseguran la diversión al desaparecer la amenaza de no alcanzar el objetivo marcado.
  • Favorecen la participación de todos.
  • Permiten establecer relaciones de igualdad con el resto de los participantes.
  • Buscan la superación personal y no el superar a los otros.
  • El niño percibe el juego como una actividad conjunta, no individualizada.
  • Favorecen sentimientos de protagonismo colectivo en los que todos y cada uno de los
    participantes tienen un papel destacado.

por Carlos Velázquez Callado

De los estudios observacionales y experimentales analizados y de las revisiones aquí
expuestas derivan conclusiones que pueden incidir directamente en el proceso educativo:

1. Tendencia hacia la competición

Los individuos muestran una tendencia hacia la competición en situaciones lúdicas
aun cuando de la actuación cooperativa pudieran derivarse consecuencias más positivas
para los participantes en la actividad de juego.

Esta tendencia se ve modulada por factores personales y sociales y puede tener su origen en la transmisión de valores ejercida por la institución escolar, la familia, el grupo de iguales y los medios de comunicación social.

Sin duda, fue ésta la idea que originó la preocupación por fomentar actitudes
cooperativas.

En los momentos en que surgieron los primeros estudios que revelaban la
competitividad se estaban cimentando las jóvenes democracias que basaban su existencia
en principios de igualdad y en relaciones de convivencia entre ciudadanos.

Resultaba difícilmente asumible la dicotomía entre el planteamiento igualitario apoyado en relaciones constructivas entre las personas y la lucha por superar a los demás que se manifestaba en las situaciones planteadas en los experimentos.

Tras muchos lustros, el problema sigue sin ser resuelto.

La escuela, como agente de socialización y como medio de educación en valores, tiene mucho que aportar en la superación de esta dicotomía.

2. Reforzamiento y aprendizaje vicario en actividades cooperativas.

Los estudios empíricos con técnicas de condicionamiento operante reflejan que la
administración contingente de reforzadores produce un incremento en la manifestación de
conductas cooperativas, aunque éstas se extinguen cuando cesa el reforzamiento.

También se pueden originar estas conductas por medio de la observación en modelos
adecuados de las consecuencias que reporta la actuación cooperativa.

Nos encontramos, en consecuencia, ante dos medios útiles para propiciar actitudes
cooperativas.

Atender las manifestaciones de la conducta prosocial de cooperación, mostrar
aprobación o cualquier otro reforzador ante ellas y ofrecer modelos adecuados de conducta
son buenos modos de conseguir que la ayuda y la cooperación se incrementen.

Juegos cooperativos
Juegos cooperativos

Queda, no obstante, la otra cara de la moneda, especialmente en el caso del reforzamiento.

No hay garantías de que la prosocialidad se generalidad a otros ámbitos de la vida, ni tampoco de que no se extinga cuando cese la administración de refuerzos.

Los elementos externos (modelos y reforzadores) son, en consecuencia, importantes
agentes una socialización orientada hacia la actuación cooperativa.

Pero, además de no ser los únicos, suscitan algunos problemas.

Como ya hemos indicado, vivir las experiencias cooperativas en situaciones lúdicas
que resulten significativas para el alumno puede ser una vía de gran valor para originar,
mantener y generalizar no sólo conductas cooperativas, sino también valores y actitudes de
cooperación.

3. Juego cooperativo y autoconcepto.

La práctica de juegos cooperativos produce una mejora en el autoconcepto de los
participantes.

Esta conclusión ha de ser valorada en un doble sentido: por una parte, como una de
las consecuencias que deben derivarse del proceso educativo; por otra, como uno de los
requisitos previos para que los alumnos se sientan motivados hacia el aprendizaje.

En el marco escolar se ha demostrado la influencia mutua entre autoconcepto y rendimiento
escolar (Purkey, 1970; Burns, 1977), de forma que los niños y adolescentes con mayor
autoestima (uno de los componentes del autoconcepto positivo) mostraban mejores niveles
de aprendizaje en la escuela, lo que a su vez incidía positivamente sobre el autoconcepto.

El juego cooperativo representa un desafío para el grupo y proporciona la oportunidad
para tomar decisiones significativas en un entorno de libertad donde el error no está
sancionado.

Todos los alumnos, más o menos capaces, son respetados dentro de una
actividad que se desarrolla en un ambiente de éxito individual y colectivo.

Estas características de la actividad lúdica cooperativa la convierten en un instrumento educativo que favorece la formación por parte de los participantes de un autoconcepto positivo.

4. La satisfacción personal en el juego cooperativo.

Los juegos cooperativos proporcionan a los participantes un alto grado de satisfacción
personal.

Este hecho ha de ser, sin duda, valorado por sí mismo puesto que las actividades
en clase de Educación Física deben prestar atención a los sentimientos de felicidad de los
alumnos; pero también hay de que atender al hecho de que si los participantes se sienten
más satisfechos con el juego, participarán en él con mejor disposición y se favorecerá el
proceso de enseñanza-aprendizaje.

5. Juego cooperativo y comunicación dentro del grupo de iguales.

Los juegos cooperativos incrementan la comunicación intragrupal, mejorando el ambiente en el grupo.

Como señala Parlebas (988, pág. 53), el éxito del juego cooperativo depende de las
comunicaciones práxicas que se establecen entre los participantes.

La calidad de las interacciones comunicativas, además de incidir en la resolución
exitosa del juego, influye positivamente en la reflexión sobre las capacidades motrices
puestas en funcionamiento, en el aprendizaje de valores y actitudes, en la adquisición de
competencias de carácter social y en el sentimiento de ser aceptado por los demás.

Favorecer el proceso de comunicación entre iguales ejerce, en consecuencia, una
influencia positiva tanto sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje como sobre el grado de
bienestar y satisfacción individual y grupal.

6. El aprendizaje motor en el juego cooperativo.

La Educación Física no se orienta exclusivamente hacia el ámbito motor, sino que
presta atención a la persona entendida globalmente.

Pero el movimiento sigue siendo el pilar fundamental sobre el que se sustenta nuestra área curricular y el aprendizaje motor uno de sus grandes fines.

En este sentido, el juego cooperativo es un instrumento útil para que cada alumno
explore sus posibilidades corporales e integra momentos de aprendizaje que propician la
adaptación del movimiento a múltiples situaciones, con el consiguiente aumento de la
competencia motriz.

Representa, además, una situación de aprendizaje contextualizado y favorece la versatilidad del movimiento por encima del aprendizaje de estereotipos basado en repeticiones.

De este modo, es más factible la toma de conciencia del propio movimiento, al
tiempo que se presta más atención al camino que a la meta, al proceso que al resultado.

7. Cambio de actitudes en las actividades lúdicas cooperativas.

Los juegos cooperativos influyen en el cambio de actitudes en relación con la
confianza en los demás y con la valoración y las formas cooperativas de interacción.

Este cambio de actitudes opera a través de dos caminos.

Uno de ellos nace en el ámbito cognitivo, al analizar la nueva información que estas actividades lúdicas traen obtener y las consecuencias que de ellas se derivan; el otro corre por el campo afectivo, experiencias positivas y emociones positivas en presencia del objeto de la actitud (la cooperación como forma de relación, en nuestro caso).

Cada persona, a través del juego cooperativo, puede encontrar vías para el aprendizaje de conductas de colaboración y ayuda basada en la valoración positiva de la cooperación.

El juego cooperativo encuentra aquí uno de sus mayores caudales educativos.

A la educación en valores a través de la actividad lúdica cooperativa le dedicamos un capítulo más adelante.

8. Juego cooperativo y creatividad.

Las actividades lúdicas cooperativas potencian el pensamiento divergente en la
búsqueda de soluciones creativas frente a la reproducción de estereotipos propios de otras
actividades.

Los juegos cooperativos, en consecuencia, pueden ser utilizados en clase de Educación
Física como un medio para la elaboración de soluciones nuevas y originales y para la
exploración posterior, modificación o cambio de estas soluciones.

Estimularemos de este modo el potencial creativo de los alumnos.

Juegos cooperativos
Juegos cooperativos

Por otra parte, el clima afectivo que crea el juego cooperativo hace que cada persona se
sienta libre de la presión por rendir más que los demás; libre de la lucha por el resultado;
libre, en suma, para buscar soluciones en un ambiente armónico y distendido.

Vemos, pues, que, como se ha experimentado experimentalmente en reiteradas ocasiones,
el juego cooperativo proporciona un buen número de efectos positivos sobre el individuo y sobre el grupo.

Estos efectos pueden ser utilizados dentro del campo de la educación.

De nosotros, como docentes, dependencia, en consecuencia, la decisión de utilizar sus muchas posibilidades en la formación de personas más capacitadas para la actuación como
individuos y para la integración grupal.

Omeñaca Cilla, R., Ruiz Omeñaca, JV, (2005),  Juegos cooperativos y Educación Física, Barcelona, ​​España. Tercera edición 

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